jueves, 30 de octubre de 2014

LA ORACIÓN DE LA RANA 177.

                   Bankei, el Maestro Zen, es conocido por no haber creado escuela: ni dejó una sola obra escrita ni tuvo discípulos. Fue como un pájaro, que no deja huella de su vuelo a través del cielo.

                   Se decía de él que, cuando entraba en el bosque, no movía ni una brizna de hierba; y cuando entraba en el agua, no provocaba una sola onda.

                   Bankel no mortificó a la tierra. Ninguna hazaña o proeza, ningún logro y ninguna espiritualidad es comparable a esto: no mortificar a la tierra.

                   Un hombre se presentó ante Buda con una ofrenda de flores en las manos. Buda lo miró y dijo: "¡Suéltalo!"

                   El hombre no podía creer que se le ordenara dejar caer las flores al suelo. Pero entonces se le ocurrió que probablemente se le estaba insinuando que soltara las flores que llevaba en su mano inzquierda, porque ofrecer algo con la mano izquierda se consideraba de mala suerte y como una descortesía. De modo que soltó las flores que sostenía en su mano izquierda.

                 Pero Buda volvió a decir: "¡Suéltalo!"

                 Esta vez dejó caer todas las flores y se quedó con las manos vacías delante de Buda, que, sonriendo, repitió: "¡Suéltalo!"

                 Totalmente confuso, el hombre preguntó: "¿Qué se supone que debo soltar?"

                 "No las flores, hijo, sino al que las traía", respondió Buda.
        

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